Nadando en alguna playa cristalina, donde la flora y fauna del lugar es extraordinario, donde la soledad es otra vez mi compañera, donde el vaivén de tus caderas se borran cada vez en que empiezo a tomar oxigeno para sumergirme y encontrar una nueva experiencia.
Donde a lo lejos solo se compare con lo que siento por ti y por tu belleza física, que al tocarla me fascine y al dejarlo ir me duela, pero sé que no me pertenece y ahí es donde aprendí que tan importante es valorar lo que uno tiene y puede dar.
Sentí que al llegar donde esta esa hermosa ostra, ya no podía llegar a sacar la perla que me había mostrado, ya no tenía oxígeno, lo intentaré muchas veces, para poder agarrar esa perla y demostrar que aunque ya no te tenga, pueda decir que iré matando los sueños...